Al delantero azulgrana, Bojan Krkic, quien acostumbra a jugar a cuentagotas en el equipo de Guardiola, le puede la ansiedad siempre que salta al terreno de juego.
Su deseo o sus ansias de marcar un gol nada más salir o su apetencia de cumplir su acometido sobre el terreno de juego (me refiero a las órdenes que le debe dar Pep Guardiola) le hace cometer fallos garrafales, que a buen seguro no los tendría si actuara con
más soltura y sin tanta precipitación.

A Bojan le pasa un poco lo que le ocurrió a Samuel Eto"o en su lucha por la Bota de Oro con Forlan. En aquella fecha, el jugador camerunés vivía tan ensimismado y preocupado por el gol, que al final se quedó sin levantar el preciado trofeo que se entrega al máximo goleador de Europa. Le traicionó su obsesión por el gol, al igual que ahora ocurre con Bojan.